viernes , 23 abril 2021
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OPOSICIÓN DE FISIOTERAPEUTAS EN GALICIA EN TIEMPOS COVID

Ocho de la mañana del domingo. El mastodóntico recinto ferial de Silleda va cobrando vida. A las nueve empiezan las oposiciones de la Xunta para cubrir diez plazas de fisioterapeuta y cincuenta de terapeuta ocupacional en los centros públicos gallegos. Muchos aspirantes se han dado un madrugón. Como Nuria Rico, que viene desde Fene y lleva en pie desde las 5.50 horas. O Tamara Lama, que se levantó en Ponteceso a eso de las 6.00. Por una plaza fija, bien vale la pena.

Como ellas han hecho la mayoría de los aspirantes. El hotel situado junto al recinto ferial cerró con la crisis sanitaria y todavía no ha reabierto. Además, aparcar es pan comido en la Feira Internacional de Silleda. Este domingo incluso sobraron plazas dentro del recinto. Y también fuera.

La normativa pandémica exigía a los opositores permanecer en sus vehículos hasta 15 minutos antes del llamamiento. Pocos tuvieron la templanza necesaria para hacerlo. «A unha oposición non se pode ir na hora. Corres o risco de non chegar a tempo», defiende Verónica, que viene desde Monforte de Lemos.

A la vista está que la mayoría de los candidatos piensan como ella. Aún falta media hora para la entrada y el recinto es un ir y venir de gente. Unos hacen cola para ir al baño, otros buscan inútilmente un café y la mayoría acuden directamente a localizar su puerta para apostarse junto a ella.

Los vigilantes frenan a los acompañantes que pretenden entrar al recinto. Es la hora de afrontar solo el peligro. Con el horario, nadie pone pegas. La permanencia en los vehículos buscaba evitar los corrillos previos al llamamiento. Pero eso no sucede. Cada cual se va a su puerta y cumple escrupulosamente con las indicaciones que la megafonía repite periódicamente. No hay aglomeraciones. Ni pitillos de última hora siquiera.

En cada puerta, una hilera de puntos pintados en el suelo marca la distancia mínima en la cola de acceso. Sobre una de estas marcas está María Nóvoa, una terapeuta ocupacional de Santiago convencida de que las oposiciones son seguras: «Son partidaria de que se fagan. Temos mascarillas e temos distancia suficiente». Su opinión es compartida. Como Ana Pereira, que viene desde Ourense: «Estaba deseando que hubiese oposiciones. Aunque la situación no sea la ideal, tomando las medidas necesarias pueden hacerse. La pandemia, estudiar con niños en casa… Esto es agonizante. Cuanto antes, mejor». Opina lo mismo el coruñés Pablo García, que oposita por primera vez.

Por supuesto, también hay quien disiente. «A mí esto me parece una salvajada. Hace un año que nos encerraron, no se permiten reuniones de más de cuatro no convivientes y nos meten aquí a cientos de personas», apunta Sara. «También me parece llamativo que tengamos que hacer el examen a lápiz. Da que pensar», apunta aprovechando la ocasión una de sus compañeras.

En la nueva generación de oposiciones, otra de las grandes novedades es la supresión del llamamiento. Esta vez los candidatos se colocan sobre las marcas del suelo y entran por orden de llegada. Simplemente. Nada de agolparse en la puerta para escuchar bien los nombres ni de luchas por atravesar la marea humana para alcanzar el acceso. Después de desinfectarse las manos y de pasar el control de seguridad, los opositores enseñan el DNI a la entrada del pabellón y se dirigen al puesto que les asignan. «Véxoo todo moi ordenado. Explicaron todo moi ben, que non hai presa, que ninguén vai quedar fóra. Así a xente non se pon nerviosa», valora la ourensana Charo Valencia.

Ya dentro, a cuatro metros del compañero y con mascarilla nueva sobre la mesa, nadie se acuerda del covid-19. Toca concentrarse en el examen. «En Fisioterapia tiñamos 200 minutos, pero as preguntas eran moi extensas. A parte de lexislación era a pillar pero a outra se tiveramos estudado máis…», confiesa Verónica.

De la ventilación no hay queja. Con las puertas abiertas, ventilación natural en los laterales y 22.000 metros cuadrados de pabellón, el aire corre incluso más de lo que algunos quisieran. «Pasamos moito frío. Non sobraba un canón de calor, como teñen posto nas oposicións do Sergas», dice una candidata.

La salida del examen es atípica. No hay reencuentros con viejos compañeros ni intercambios de impresiones sobre la prueba. «Según iamos saíndo tiñamos que deixar o recinto. Foron inflexibles. Nin deixaron esperar aos compañeiros que viñan no noso coche», lamenta una opositora.

Fuente: La voz de Galicia

 

 

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